Una Pasión que Me Mantuvo en el Camino Correcto

Por Iris Vales, Facultad de Medicina Veterinaria / College of Veterinary Medicine, Clase del 2009 / Class of 2009

 
Iris con su madre y hermanos en la Ceremonia de Entrega de la Bata Blanca.
Provided by Iris Vales
 

Al escribir sobre mi trayecto por la Universidad Estatal de Ohio, viene a mi mente un día en específico. Era en el invierno del 2004 cuando caminaba sola a través del Ohio State Columbus campus; en ese entonces, era una estudiante de bachillerato de 21 años de edad. La tormenta de nieve no me molestó mientras caminaba desde el área suroeste del campus al área bien oeste de la misma, donde está la Facultad de Medicina Veterinaria. Mis pies se hundían en las cinco pulgadas de nieve, pero estaba tan entusiasmada que no recuerdo haber sentido frío esa noche; lo cual es algo raro ya que usualmente me agobia el invierno de Ohio.

La razón por la cual me dirigía a la Facultad de Veterinaria era para completar la investigación para mi tesis de honor que relacionaba mis estudios de bachillerato en manejo de vida silvestre y la medicina veterinaria. Pero había otra razón para esta visita...

Ya había solicitado ingreso a esta facultad, pero no sabía si había sido aceptada. Aun así, estaba llena de seguridad y felicidad, y creo que es que mi subconsciente sabía que habrían por delante muchas noches frías que tolerar y obstáculos por conquistar. Sea cierto o no esta hipótesis del subconsciente, lo que sí puedo decir es que fueron muchos obstáculos los que encontré tanto en lo académico como en lo personal.

Académicamente, los primeros dos años estuvieron llenos de noches de estudios interminables. El significado de los viernes y fines de semana cambió. Estos días que simbolizaban ocio se convirtieron en horas de más estudios intensos. Las hojas de estudio parecían ser infinitas. Por ejemplo, lo mínimo que debes estudiar para una clase son 100 páginas y los exámenes los das uno tras otro en la misma semana. Eso no es todo. Muchas noches de fines de semana las pasas con cuerpos de animales muertos en el laboratorio de anatomía. Las mismas noches donde otros jóvenes salen a disfrutar con sus amigos.

En lo personal también hubo retos y problemas. Se sabe y hasta se advierte en la escuela de veterinaria que durante los primeros dos años de la carrera, algunos divorcios ocurren y hasta son inevitables. La carrera de medicina veterinaria consume mucho de tu tiempo. Algunos de nosotros además de estudiar más de 60 horas a la semana, también tuvimos que trabajar durante noches y fines de semana. Por esto, hasta me atrevería a decir que la carrera no es para todo el mundo; pues requiere mucha disciplina y la disposición de sacrificar otros aspectos personales para dedicarse a los estudios.

Para darte una mejor idea de lo que conlleva esta carrera, durante el segundo y tercer año de la carrera, también trabajé como asistente para un veterinario durante los fines de semana. Estaba estudiando cinco días a la semana de 8 a.m. a 2 a.m., y trabajando los fines de semana de 9 a.m. a 7 p.m. Era agotador, pero de este trabajo aprendí muchas técnicas de veterinaria; además me ayudó a cubrir algunos de mis gastos personales.

Los primeros dos años de veterinaria estuvieron llenos de retos y frustraciones que a veces nos hacía cuestionar el porqué habíamos escogido esta carrera; sin embargo, el significado de esta carrera fue evolucionando mientras nuestros estudios avanzaban. Algunas veces tuvimos que congelar nuestros sentimientos para poder llevar a cabo nuestros deberes. Debo reconocer el apoyo moral de algunos estudiantes de grados más avanzados que nos decían: “No se preocupen, esto pasa rápido y se pone mejor con el tiempo.”

 
Iris en la cirugía de un becerro durante las rotaciones clínicas.
Provided by Iris Vales
 

Quiero mencionar que hubo dos grandes recursos humanos en la universidad que tuve el honor de conocer por medio de la Oficina de Servicios a la Minoría. Ellos fueron la Sra. Odemarys Irizarry y el Sr. Normando Cabán. Ambos me proveyeron apoyo moral y me ayudaron a conseguir asistencia económica por medio de becas y empleo en la universidad. Esto me ayudo en gran forma a solventar los gastos de mis estudios que pueden ascender a $130.000, ya que las becas en la carrera de veterinaria son escasas. En mi opinión, en el futuro, la Oficina de Servicios a la Minoría debería proveer más apoyo moral y económico a lo estudiantes de minoría en la escuela de veterinaria ya que es en este tipo de carrera donde tenemos poca representación (~96 por ciento son Anglo-Americanos). Es necesario hacerles saber a estos estudiantes que hay un grupo cerca que cree en sus capacidades como profesionales y como seres humanos.

Entre muchos de los retos que tuve que afrontar hay uno que tuvo un impacto muy profundo. Fue la muerte de mi padre que ocurrió el fin de semana antes de la ceremonia de entrega de las batas blancas y que nos inicia para comenzar las rotaciones clínicas del último año. La pérdida de mi padre fue una experiencia devastadora y que cambió mi vida. Me encontraba en Ohio. Mi madre me llamó en la noche para decirme que mi padre estaba grave en el hospital y necesitaban que yo fuera para Puerto Rico a verlos. Cuando llegué a casa, encontré a mi tía sentada en la esquina izquierda del sofá. Me arrodillé frente a ella y le pregunté: “¿Papi está vivo, verdad, Titi? ¿Papi está vivo?” Ella me abrazó y me dijo: “tú papa está ahora en mejores manos.” Todavía al día de hoy no he podido superar este sentimiento; lo cual ha dificultado mi capacidad de concentrarme en mis estudios y trabajo. Aún así, pude terminar mis estudios. Tuve momentos de debilidad donde fui tentada a perder el tiempo en pubs y clubes nocturnos; pero la pasión y el gran deseo de obtener un título de veterinaria me mantuvo en el camino correcto. Además, el apoyo incondicional de mi madre fue clave para mantenerme conectada con mis raíces y para mantener vivo el sueño de esa niña con ojos risueños y alma sensible que vino a Ohio por primera vez en el 2001. Fueron ocho años largos que con disciplina y lecciones difíciles me hicieron crecer en el aspecto profesional y personal; además de enseñarme el gran valor de la familia en nuestras vidas.

Antes de partir hacia la próxima etapa de mi carrera, quisiera ofrecer mis servicios como consejera para ayudar a cualquier estudiante minoritario que desee completar estudios en medicina veterinaria. Estoy muy agradecida a Ohio State y su equipo por contribuir en mi desarrollo y la oportunidad que me ofrecieron para lograr mi sueño, la carrera de medicina veterinaria, ya que no hay mejor forma de vivir que haciendo lo que a uno le gusta mientras provee un servicio que beneficia a la sociedad.

La autora, Iris Vales, puede ser contactada a vales.4@osu.edu para más información. 

 

Issue:
Summer 2009

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