Al escribir sobre mi trayecto por la Universidad Estatal de Ohio, viene a mi mente un día en específico. Era en el invierno del 2004 cuando caminaba sola a través del Ohio State Columbus campus; en ese entonces, era una estudiante de bachillerato de 21 años de edad. La tormenta de nieve no me molestó mientras caminaba desde el área suroeste del campus al área bien oeste de la misma, donde está la Facultad de Medicina Veterinaria. Mis pies se hundían en las cinco pulgadas de nieve, pero estaba tan entusiasmada que no recuerdo haber sentido frío esa noche; lo cual es algo raro ya que usualmente me agobia el invierno de Ohio.
La razón por la cual me dirigía a la Facultad de Veterinaria era para completar la investigación para mi tesis de honor que relacionaba mis estudios de bachillerato en manejo de vida silvestre y la medicina veterinaria. Pero había otra razón para esta visita...
Ya había solicitado ingreso a esta facultad, pero no sabía si había sido aceptada. Aun así, estaba llena de seguridad y felicidad, y creo que es que mi subconsciente sabía que habrían por delante muchas noches frías que tolerar y obstáculos por conquistar. Sea cierto o no esta hipótesis del subconsciente, lo que sí puedo decir es que fueron muchos obstáculos los que encontré tanto en lo académico como en lo personal.
Académicamente, los primeros dos años estuvieron llenos de noches de estudios interminables. El significado de los viernes y fines de semana cambió. Estos días que simbolizaban ocio se convirtieron en horas de más estudios intensos. Las hojas de estudio parecían ser infinitas. Por ejemplo, lo mínimo que debes estudiar para una clase son 100 páginas y los exámenes los das uno tras otro en la misma semana. Eso no es todo. Muchas noches de fines de semana las pasas con cuerpos de animales muertos en el laboratorio de anatomía. Las mismas noches donde otros jóvenes salen a disfrutar con sus amigos.
En lo personal también hubo retos y problemas. Se sabe y hasta se advierte en la escuela de veterinaria que durante los primeros dos años de la carrera, algunos divorcios ocurren y hasta son inevitables. La carrera de medicina veterinaria consume mucho de tu tiempo. Algunos de nosotros además de estudiar más de 60 horas a la semana, también tuvimos que trabajar durante noches y fines de semana. Por esto, hasta me atrevería a decir que la carrera no es para todo el mundo; pues requiere mucha disciplina y la disposición de sacrificar otros aspectos personales para dedicarse a los estudios.
Para darte una mejor idea de lo que conlleva esta carrera, durante el segundo y tercer año de la carrera, también trabajé como asistente para un veterinario durante los fines de semana. Estaba estudiando cinco días a la semana de 8 a.m. a 2 a.m., y trabajando los fines de semana de 9 a.m. a 7 p.m. Era agotador, pero de este trabajo aprendí muchas técnicas de veterinaria; además me ayudó a cubrir algunos de mis gastos personales.
Los primeros dos años de veterinaria estuvieron llenos de retos y frustraciones que a veces nos hacía cuestionar el porqué habíamos escogido esta carrera; sin embargo, el significado de esta carrera fue evolucionando mientras nuestros estudios avanzaban. Algunas veces tuvimos que congelar nuestros sentimientos para poder llevar a cabo nuestros deberes. Debo reconocer el apoyo moral de algunos estudiantes de grados más avanzados que nos decían: “No se preocupen, esto pasa rápido y se pone mejor con el tiempo.” |